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Desde guerras y hasta una pandemia, la historia de Lilibeth

El símbolo de la estabilidad británica llegó a la Corona en medio de la recuperación de una guerra y tras la abdicación al trono de su tío Eduardo VIII para convertirse en la monarca más popular, en una serie de momentos para la posteridad.

Fue a los 10 años, poco antes de la Segunda Guerra Mundial (SGM), que la decisión del hermano de su padre alteró la línea de sucesión al preferir un matrimonio con una extranjera y divorciada, dos veces.

Así, el heredero destinado declinó y abrió la puerta al rey Jorge VI, quien al morir dejó la Corona vacante a una joven Isabel de sólo 25 años a cargo de una de las naciones que se convertiría en potencia de su mano hasta el último día como lo prometió, pues al suceder a su padre aseveró en una transmisión nacional que “toda mi vida, sea larga o corta, estaré dedicada a su servicio”, con la única experiencia en la monarquía de dar mantenimiento a vehículos oficiales tras unirse al Servicio Territorial, pues ella misma admitió que no recibió ninguna lección, más que la de ver a su padre, quien murió muy joven antes de su ascenso en la Abadía de Westminster en los 50, según declaraciones que dio a la BBC en un documental casi a la mitad de lo que fue su reinado.

En sus primeros años, cuestionada por su juventud, pues el entonces primer ministro Winston Churchil advirtió que era “sólo una niña”, la monarca ya casada y con dos hijos (Carlos y Ana) enfrentó momentos desafiantes al perder un imperio y rescatar a la nación de un conflicto mundial, pero no fue el único, lo que le ganó el respeto de quienes llegaron a dudar de ella.

Entre ellos destaca el propio Churchil —quien estuvo dos periodos con su padre y la acompañó tres años desde el gobierno—, quien se convirtió en uno de sus más fieles admiradores al conocerla no sólo como figura política, sino como hija, madre y esposa, debido a la cercanía con la familia real, proceso en el que fue fundamental Felpe de Edimburgo, quien estuvo con ella 73 años hasta su muerte en 2021.

Así, Churchil fue testigo de las hazañas de la reina y reconoció su liderazgo y legado, mismo que consolidó durante siete décadas, pues logró dar cohesión al país y mantener alineada a la monarquía, misma a la que impuso cambios, tras algunos periodos desafiantes.

En siete décadas de mandato hay un largo historial de episodios históricos y conflictos como la Guerra Fría y la de las Malvinas, hecho por el que Argentina sigue reclamando esa zona como suya. También desde su trono fue testigo de diferencias en la región con la todavía Unión Soviética y vio pasar a un sinnúmero de mandatarios, pues tan sólo en Estados Unidos desde su gestión hubo 14 jefes de Estado, de los que uno fue asesinado.

A nivel nacional enfrentó un proceso convulso por el Brexit que provocó la separación de la Unión Europea (UE) que se sigue construyendo, una década después de ser uno de los fundadores de esta alianza regional y que hoy lucha por defender a un aliado, en referencia a la guerra de Rusia contra Ucrania. En temas internos, la reina pasó de los reflectores a un encierro total por la pandemia de Covid-19, que obligó a imponer severos confinamientos en el país por tiempo prolongado, debido al desconocimiento del SARS-CoV-2. Durante este periodo las actividades de la Casa Real se redujeron a lo mínimo y la reina junto a su familia vivieron alejadas de las portadas de revistas que históricamente habían acaparado por sus logros o escándalos; en la lucha contra el virus la mandatario también fue alcanzada al contagiarse y verse obligada a reducir su contacto social, luego de dar un discurso de apoyo a ciudadanos y trabajadores del sector salud.

Pese a varios años turbulentos, la reina catalogó uno como el “horrible” por una serie de escándalos relacionados con el estilo y derroche económico de los integrantes de la familia. Al final 1992 fue el año de los divorcios, pues tres de sus cuatro hijos pusieron fin a sus matrimonios, incluyendo el polémico de Carlos y Diana, y el de Andrés de Sarah Ferguson, envuelta en polémicas de deudas, quien finalmente se alejó de la familia.

Periodo de ajetreo que se repetiría casi una década después, pues en el año que celebraba su Jubileo de Oro (50 años de trono) perdió a su madre y a su hermana Margarita, quien igual que Carlos esperó años pensando que heredaría el trono.

Casi otra década después falleció su esposo Felipe de Edimburgo, quien ya no la pudo acompañar al Jubileo de Platino, sin más celebraciones tras la sorpresiva muerte que activó la Operación London Bridge.

Dicho protocolo pone marcha un largo periodo de luto por unos 10 días hasta su funeral; no obstante, tras el deceso sigue la incógnita de cómo se realizará su último adiós, pero se adelantó que su cuerpo permanecerá unos días en Escocia, será trasladado a la Catedral de Saint Giles para un servicio privado que después se abrirá por 24 horas para que el público la despida, periodo en el que se alistará la coronación de su hijo.

CORONACIÓN TELEVISADA. La ceremonia que formalizó a Isabel II en el trono, en junio de 1953, hizo historia al ser transmitida en vivo, como nunca antes se había dado. Millones de personas en Reino Unido y el mundo pudieron ver parte del evento religioso, lo que marcó un antes y un después en la manera en que se proyecta la monarquía británica hacia el pueblo. Algo así podría repetirse con su heredero, Carlos.

EL PRIMER ALUNIZAJE de la humanidad, en la década de 1960, fue transmitido en vivo y una de las más famosas seguidoras del evento fue Isabel II, quien reunió a la familia para ser testigo del hito, que además era parte de la competencia desencadenada por el forcejeo de polos del capitalismo estadounidense y el comunismo soviético. Los astronautas que viajaron en el Apolo 11 visitaron el Palacio de Buckingham, para encontrarse en privado con la reina.

EL OCASO IMPERIAL. Apenas con un lustro en el trono, Isabel II firmó la independencia de Ghana, la primera colonia británica en África que reclamó su soberanía. El hecho marcó el fin del imperio británico, conocido como uno de los más extensos. Hacia la década de 1980, la mayoría de sus posesiones en África y el Caribe serían independientes y en 1997, la reina dio el aval a su Gobierno para devolver el territorio de Hong Kong a China.

EL BREXIT. En la década de 1970, Isabel vio cómo su reino se integraba al sueño de Estados Unidos Europeos, un bloque que buscaba el libre tránsito de ciudadanos y mercancías del Viejo Continente bajo una moneda común. Medio siglo después, la reina fue testigo de cómo una leve mayoría votó para abandonar la Unión Europea, lo que desencadenó una crisis política y diplomática por la falta de un acuerdo para un divorcio suave.

En 1992 Isabel II vivió algunos de los peores momentos de su reinado y lo calificó oficialmente como un año horrible, en un discurso en Londres. ¿Cuál fue el motivo? Días antes, uno de sus últimos hogares antes de morir, el Palacio de Windsor, se incendió. La catástrofe se combinó con una situación familiar caótica, se produjo la separación de los príncipes de Gales, Carlos y Diana, y de los duques de York, Andrés y Sarah Ferguson. Y la princesa Ana, ya divorciada, se casó de nuevo.

UNA DAMA DE HIERRO. A pesar de ser una monarca apegada a las tradiciones de Palacio, se caracterizó por romper varios esquemas sociales, como la invitación a formar Gobierno a Margaret Thatcher, la primera mujer en ser primera ministra. La llamada Dama de Hierro, en virtud de su convicción inquebrantable, ganó las elecciones de 1979, aplicó una dura política económica y declaró la guerra a Argentina, por las Islas Malvinas.

LA INCÓMODA DIANA. Isabel no estuvo exenta de las polémicas de la prensa rosa. La muerte de su nuera en 1997, en un accidente de auto, en Francia, puso a prueba la estabilidad de la casa real y su proyección ante un público que la lapidó, en medio del fervor que desató quien ya estaba divorciada de su hijo Carlos, el heredero. La presión social obligó a Isabel a interrumpir sus vacaciones y volver a Londres para rendirle honores y hasta ofrecer condolencias en cadena nacional.

LA CATÁSTROFE DE ABERFAN. En octubre de 1966, una avalancha de lodo procedente de una mina de carbón cayó sobre Aberfan, Gales. Los escombros inundaron el pueblo y mataron a 144 personas, la mayoría niños que en ese momento se encontraban en la escuela. La catástrofe está considerada uno de los mayores desastres mineros de Reino Unido y tuvo también su repercusión en el palacio de Buckingham, afectando a la imagen pública de la propia reina.

PANDEMIA DE COVID-19. El 5 de abril de 2020, Isabel II dio un mensaje de aliento y de agradecimiento a los trabajadores de salud y a quienes desempeñaban funciones en servicios esenciales, un país que como el resto del mundo, sufrió un quiebre económico por los millones de contagios y vidas perdidas. Como una abuela, abrazó a los ingleses y les deseó que salieran victoriosos del desafío. La misma reina contrajo la enfermedad en 2022, de la cual se recuperó rápidamente.

ADIÓS. En 2021, la reina no sólo le plantó cara a la pandemia de Covid-19, también perdió a su compañero, el príncipe Felipe, quien murió a los 99 años. Fue responsable de la cara refrescante que dio la monarquía británica con la llegada de Isabel al trono. Su influencia en la casa real significó un soporte para ella. El deceso se dio en el marco de la crisis sanitaria. La imagen de la reina sentada en solitario en el funeral de su esposo conmovió a los británicos y al mundo.

Fuente: razon.com.mx

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