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Biden asume costo político de una guerra heredada hasta 3 veces

Con menos de un año en el Gobierno, el presidente Joe Biden asumió el mayor costo político de su gestión al poner fin a un legado de guerra heredado en tres ocasiones, el cual se prolongó por 20 años y desató una oleada de críticas por lo complicado y convulso que resultaron la retirada y las evacuaciones obligadas en Afganistán, hechos que dejaron 170 víctimas mortales en la última semana.

Consultados por La Razón, los académicos y analistas Claudia Márquez, Andrés Serbin, Stephanie Henaro y Rubén Ramos coincidieron en que la situación se eleva por la polarización y resentimiento al interior de EU.

En esta situación también se suman la coyuntura internacional por la pandemia de Covid-19, la cercanía del vigésimo aniversario del 11 de septiembre y el notable temor sobre el resurgimiento de actos terroristas, con el ascenso Talibán y posible crecimiento de estos grupos como el Estado Islámico (EI) y Al Qaeda —responsable del 11-S—, dando como resultado fuertes cuestionamientos, principalmente de familias de las víctimas, legisladores y otros líderes a nivel nacional.

Asimismo, señalaron que la creencia de que fueron derrotados y no se lograron todos los objetivos en Afganistán, mismos que Biden reconoció ya no tenían el mismo sentido que hace dos décadas, impulsó la generación de críticas a un Gobierno en el que recayó el peso final de una guerra que comenzó durante el gobierno de George W. Bush y continuó con el paso de estafeta a Barack Obama, Donald Trump y, por último, a la actual gestión.

Sin embargo, a todos los mandatarios, demócratas y republicanos les ha pasado factura esta hazaña, pues en su momento hicieron promesas que no cumplieron.

Entre éstas destacan los intentos por reducir la presencia de tropas en Afganistán, regresarlas al país de manera gradual y terminar con la batalla más larga, en represalia por los atentados terroristas en Nueva York, Washington y Pensilvania. Alargando una guerra que, consideran, debía terminar en algún momento.

No obstante, sin negociaciones en territorio afgano, éstas se fueron retrasando y Biden fue la última ficha de este rompecabezas, dejándole múltipes lecciones a cuestas y platos rotos de cuatro administraciones, asegurando que no estaba dispuesto a entregar la misma estafeta a un quinto mandatario.

Con ello, sólo la historia determinará si fue el momento exacto de concretar este retiro o sobre quién recae el peso de los errores y aciertos durante esta invasión. Recordando que el principal objetivo se alcanzó en la era Obama —etapa en la que Biden fungió como vicepresidente— al eliminar a Osama bin Laden, principal blanco islámico señalado como el líder de Al-Qaeda, pese a las cuestionados operativos con drones y aeronaves no tripuladas, que dejaron blancos nulificados en esa región, pero también civiles muertos.

Mientras que Bush queda como el líder estadounidense que tomó la decisión de desplegar la Operación Libertad Duradera, sin saber a cuántas gestiones impactaría, para hacer pagar a los terroristas por el daño del 11-S, grupo al que Biden prometió cazar y castigar, luego de un doble atentado en Kabul, en el que fallecieron al menos 13 soldados estadounidenses.

Márquez sostuvo que las condiciones no fueron las mejores, pues en este estire y afloje de 20 años se abre un panorama desolador tanto en EU como en Afganistán;.

En el primer punto por la intranquilidad de una amenaza de grupos extremistas que sigue viva, mientras que en el territorio asiático la incertidumbre es por un régimen que podría dar señales de radicalización y por el que naciones dudan sobre el futuro en la región, mientras China y Rusia ya han abierto negociaciones.

Al respecto, el internacionalista Andrés Serbin sostuvo que esta situación requiere de un análisis geopolítico más amplio, pues más allá de las condiciones en que EU abandonó Afganistán se pone en evidencia que no está dispuesto a ocuparse de la democracia de otras naciones y que aún hay temas pendientes en la agenda.

Precisó que no se trata de una falta de interés en la zona, sino una decisión de dejar lo que corresponde, desde hace tiempo, únicamente a esa nación.

Asimismo, indicó que la evaluación histórica también dependerá de lo que se haga contra el terrorismo, al recordar que todas las naciones tienen la mira en ese territorio para evitar que se convierta en un semillero de grupos extremistas, como en el pasado, sentimiento que podría revivirse con la conmemoración de mañana.

En tanto, para la politóloga Henaro, Biden “está pagando los platos rotos de otras gestiones”, pues recordó que él aceleró la salida, pero este proceso fue pactado desde la administración de Donald Trump, pensando que sería él quien tomaría la batuta si era reelegido.

Pero aunque fue planeada la retirada, ésta deja un sabor a derrota en el país de que el esfuerzo, no sólo de los últimos días, sino de dos décadas no fue suficiente ni para estabilizar la región ni para ayudar a construir una democracia, pues pese a los pronósticos de inteligencia el Talibán retornó antes de lo pensado.

Asimismo, Henaro comentó que parte de este impacto ya se nota en los índices de aprobación del actual presidente, quien cayó siete puntos en el índice ciudadano, mientras que 49 por ciento de la población reprueba su gestión.

En contraste, Ramos, de la UNAM, dijo que los resultados podrían evaluarse en el mediano o largo plazo, pues pese a las pérdidas en vidas humanas y económicas, “existe la posibilidad de que Estados Unidos podría dejarle la estafeta a su enemigo natural, que es China” y vecino de Afganistán, con el objetivo de dejarle el conflicto y así debilitarlo militar y económicamente, mientras esta nación se recupera y puede enfrentar otras amenazas como la potencia asiática y Rusia, ésta última en conflicto con Ucrania.

En esta tónica, Serbin dijo que Biden dejó a “Eurasia para los actores eurasiáticos” con la incógnita de si el Talibán será uno diferente al de hace 20 años, el mismo o uno más radical, delegando un poco a Rusia y China la estabilidad regional, hecho que podría ser visto como una oportunidad para mermarlos, mientras EU reagrupa a sus tropas.

Al profundizar sobre una derrota y el impacto que tenga el país con el crecimiento de sus enemigos naturales, Stephanie Henaro agregó que lo mismo se pensó “con la derrota de Vietnam”, hecho que finalmente no ocurrió, debido a las capacidades limitadas de estas regiones.

Además, los entrevistados aseveraron que, desde la salida de Afganistán y en un futuro inmediato, la mira continuará en la lucha antiterrorista por dos vías: evitar el resurgimiento de éstos grupos y dejar de vivir con el miedo de que se repitan a igual o menor escala hechos como los de 2001, pues el 11-S es una herida viva.

Márquez refirió que todas las naciones se deben enfocar ahora y en conjunto en evitar la radicalización de esta nación y apuntalar la seguridad interna, para evitar que tomen fuerza estos grupos como Al Qaeda y EI.

Fuente: razon.com.mx

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